Tour Alpes

Por norma general, todos aquellos que disfrutamos conduciendo tenemos una especial predilección por las retorcidas, estrechas y sobre todo poco transitadas carreteras de montaña.

En este sentido, la península Ibérica es un lugar idóneo, repleto de pequeñas y grandes cadenas montañosas en las que abundan nuestras preciadas carreteras. La Serranía de Cuenca, la Alpujarra granadina, los Picos de Europa y la cordillera cantábrica, la sierra de Francia, la de Guadarrama y por supuesto los Pirineos son algunos de los incontables escenarios visitados frecuentemente por los amantes del arte de viajar sobre dos o cuatro ruedas.

Cada uno de ellos destaca por algo, y desde un punto de vista más subjetivo, todos podemos establecer una escala con la que clasificar nuestras carreteras preferidas.

Recorrer los Alpes es otra historia. Sobre gustos no hay nada escrito, pero todos estaremos de acuerdo al decir que la grandiosidad del entorno alpino dista bastante de lo que podamos encontrar en los valles pirenaicos por ejemplo. Y es que no todos los días se puede conducir rodeado por montañas que superan los 4000 metros de altura en las que los mayores glaciares europeos desafían la ley de la gravedad y donde las carreteras se abren paso de manera espectacular para alcanzar collados de más de 2000 metros de altitud.

Además, se puede completar el viaje visitando los glamorosos lagos del norte de Italia. Como y Garda han sido durante décadas el destino de aquella parte de la alta sociedad europea que apostaba por la maravillosa calma, en vez del frenesí y glamour de la Costa Azul francesa, con Saint Tropez como epicentro de las largas temporadas de asueto.

En sus orillas se disputan el agua exquisitas mansiones, por sus carreteras serpentean los coches más lujosos del mercado y en sus pantalanes reposan las embarcaciones más exclusivas.

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