CLUB PORSCHE ESPAÑA: TOUR DEL MIMBRE 2017

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En esta escapada de tres días, varios miembros del Club Porsche recorrieron algunas de las carreteras más desconocidas y divertidas de la Península Ibérica, bordeando la Serranía de Cuenca y los Montes Universales. Las jornadas incluyeron paradas en poblaciones históricas como Albarracín o Molina de Aragón y en sorprendentes rincones naturales como la Ciudad Encantada, teniendo como base la preciosa ciudad de Cuenca, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La Serranía de Cuenca es una de las zonas más despobladas de la Península y seguramente una de las más desconocidas y menos visitadas junto a su vecina Teruel (¡que sí existe!). Es aquí donde se produce más del 80% del mimbre español, un producto bien conocido por sus usos artesanos y no tanto por el valor paisajístico de las zonas en los que se cultiva.
Entre los meses de noviembre y mayo, los valles del río Escabas y de su afluente, el Trabaque, se transforman, dando paso los tonos verdes y ocres típicos del verano a una increíble alfombra de color rojo y púrpura, un espectáculo de color comparable, por ejemplo, con el blanco del Valle del Jerte en flor. Sin duda, la visión de este mágico paisaje no dejó indiferente a nadie.

La primera jornada del Tour del Mimbre llevó al grupo a la maravillosa localidad turolense de Albarracín, uno de los pueblos más bonitos de España según la asociación del mismo nombre, y no le faltan razones para este mérito. Al llegar a Albarracín y aparcar los Porsche bajo las centenarias murallas, los participantes disfrutaron de una visita guiada por este espectacular lugar.

Para llegar a esta población, cruzamos toda la Serranía de Cuenca, rozando la Reserva Nacional de los Montes Universales, por carreteras que permitieron disfrutar a los conductores a lo largo de cuatro pequeños puertos de montaña. También pasamos por lugares impresionantes, donde los rebaños de ovejas nos obligaron a frenar la marcha en más de una ocasión y donde nacen los ríos Tajo, Cabriel y Cuervo. Estas carreteras son lentas pero el disfrute fue total.

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Abrazada por el río Guadalaviar y encaramada a un peñasco, Albarracín ha sabido sortear el paso del tiempo y hoy se conserva igual que en el siglo XVII, cuando comenzó su decadencia.
Tiempo atrás Albarracín había desafiado a todos los pueblos de su alrededor. Fue en el siglo X cuando en este núcleo de origen musulmán se instaló la familia bereber Banu Razín, que dio nombre al núcleo y tuvo mucha influencia sobre la historia de la ciudad. Albarracín es un foco de gran interés y diversidad, tanto por su pasado musulmán como por su situación a caballo entre Aragón y Castilla, en una de las comarcas españolas con mayor interés etnográfico, folclórico y arquitectónico.

Los primeros pobladores dejaron su huella en la zona hace 10.000 años en las pinturas rupestres del Rodeno. Como muestra de su pasado romano y visigodo, cuenta con un acueducto de unos veinticinco kilómetros de longitud que llevaba el agua de Albarracín a Cella y que en su momento fue una de las obras fluviales de mayor longitud de todo el Imperio romano tras las construcciones realizadas en Roma. Fue reino independiente del Califato cordobés y perteneció a la familia de los Beni Razin, que como se citó anteriormente, le dieron su nombre actual. Con Ibn Ammar este territorio alcanzó un gran esplendor, siendo centro de cultura y refinamiento antes de la llegada de los cristianos, que crearon una sede episcopal.

A lo largo de su historia, Albarracín se ha caracterizado por su carácter indómito e independiente. De hecho, su Taifa fue la última junto a la de la ciudad de Zaragoza en claudicar ante las dinastías almorávides y, una vez desaparecida la dominación árabe, el caballero Pedro Ruiz de Azagra se hizo con Albarracín, la convirtió en un fuerte acordonado por la muralla que aún se conserva y hasta bien entrado el siglo XVI fue gobernada por un sistema de feudos, totalmente independiente a Castilla y Aragón.

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La comida del día fue en uno de los grandes restaurantes de la provincia, Tiempo de Ensueño, “hermano pequeño” de la Hospedería El Batán, único restaurante en la provincia de Teruel galardonado con una Estrella Michelín.

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El 7 de diciembre de 1996 la “Histórica Ciudad amurallada de Cuenca” fue declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, gracias a su magnífica preservación del paisaje urbano original, la fortaleza medieval, su rica arquitectura civil y religiosa desde los siglos XII al XVIII y a esa excepcional fusión entre la ciudad y el bellísimo entorno natural en que se enclava.
La ciudad se ubica en una comarca montañosa: la Serranía de Cuenca. Este sistema montañoso se conforma, junto a la Paramera de Molina y el macizo de la Sierra de Albarracín, como la rama interior o castellana de la mitad meridional del Sistema Ibérico. En realidad, Cuenca está integrada por dos ciudades. Una es la ciudad alta, la Cuenca monumental; la otra, la ciudad baja, es la zona moderna surgida de los ensanches acometidos a partir del siglo XIX. La zona monumental es una ciudad medieval que por necesidades defensivas está ubicada en un espolón largo y escarpado en la confluencia de dos cursos fluviales, de lo que resultó una ciudad no planificada y adaptada perfectamente a las difíciles características del medio natural.

Las calles están organizadas a lo largo de dos ejes principales: el primero de ellos, longitudinal, forma una “espina lineal” que, arrancando de la parte baja, del Puente de la Trinidad (antigua puerta de Huete), y continuando por las calles Alfonso VIII y San Pedro, llega hasta el Barrio del Castillo. El otro, de carácter transversal, une la puerta de Valencia con la de San Juan. En el centro del eje longitudinal se sitúa la Plaza Mayor, conformada por un triángulo cuyos vértices son la Catedral, el Convento de las Petras del siglo XVIII y el ayuntamiento.

La Catedral de Santa María y San Julián, fue el primer edificio que se comenzó a construir tras la conquista de la ciudad en el lugar donde se emplazaba la antigua alcazaba musulmana. Según Vicente Lampérez, restaurador de la fachada, es el más claro ejemplo de “protogótico conquense”, considerada como el más temprano ejemplo de Gótico en España, con influencia de las primeras catedrales francesas del Gótico del siglo XII como Soissins, Laon y Notre-Dame. Comenzó a edificarse a finales del siglo XII y se consagró en 1208 por el arzobispo Ximénez de Rada, aunque no fue terminada hasta 1271.

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La ruta prevista para la mañana del domingo nos llevó hasta la histórica Molina de Aragón atravesando el parque del Alto Tajo, previo paso y parada en la conocida Ciudad Encantada, un impresionante paraje natural en donde la acción del viento y del agua durante miles de años ha creado formaciones calizas y calcáreas que parecen estatuas esculpidas por antiguos artistas.
Declarado Sitio Natural de Interés Nacional desde 1929, además de las formaciones kársticas hay que sumar la existencia de sumideros, torcas y lapiaces, formando todo ello un sitio único en España.

Tras conocer la Ciudad Encantada paseando entre y bajo sus enormes formaciones, el grupo emprendió la marcha hacia Molina de Aragón a través de un espectacular recorrido por solitarias carreteras que discurren inmersas en un interminable bosque, perfectas para disfrutar conduciendo su Porsche.

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Molina de Aragón es un pequeño pueblo de 3.000 habitantes que, a pesar de su escasa población actual, tiene una enorme historia. El origen de la fundación de este pueblo se remonta a tiempos árabes, quienes habitaron esta zona ocupando un asentamiento celtíbero anterior. Incluso el pequeño Reino de Taifa que se creó aquí es nombrado en el épico Cantar del Mio Cid.

El espectacular Castillo de Molina de Aragón, situado en un enclave estratégico desde donde se dominan los terrenos de Castilla y Aragón, fue declarado Monumento Nacional en 1931 y tiene su origen en un alcázar erigido por los andalusíes entre los siglos X y XI sobre un milenario castro celtíbero y fue la residencia de los reyes de la taifa.

La comida se celebró en el conocido restaurante El Castillo, el mejor de Molina de Aragón y cuyo nombre no puede ser más idóneo. Tras este almuerzo dimos por finalizado el tour con la seguridad de que estos tres días se han convertido automáticamente en un bonito recuerdo que perdurará en la memoria de los miembros del Club Porsche.

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Author: Classics